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Un páncreas artificial que trabaja en silencio: la nueva esperanza para quienes viven con diabetes tipo 1

Daniela Alanis Mendez

6 feb 2026

El implante con células vivas regula la glucosa de forma autónoma y podría eliminar las inyecciones diarias de insulina.

Un equipo internacional de investigadores de Israel y Estados Unidos desarrolló un implante vivo que actúa como un páncreas artificial completamente autónomo, capaz de detectar los niveles de glucosa en la sangre y liberar insulina en tiempo real, sin necesidad de inyecciones diarias ni dispositivos externos. El avance, probado con éxito en modelos animales, podría transformar de manera radical el tratamiento de la diabetes tipo 1, una enfermedad crónica que obliga a millones de personas a depender de insulina durante toda su vida.


El desarrollo fue liderado por el Instituto Tecnológico de Israel (Technion) en colaboración con científicos estadounidenses, y sus resultados fueron publicados en la revista Science Translational Medicine, una de las principales revistas internacionales en investigación biomédica aplicada.


Aunque la tecnología aún no está disponible para uso clínico, los resultados obtenidos hasta ahora han generado gran interés en la comunidad científica, ya que el implante logró mantener niveles estables de glucosa durante periodos prolongados en animales, uno de los retos más complejos en el manejo de la diabetes.



¿Qué es la diabetes tipo 1 y por qué representa un reto médico permanente?



La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunológico del propio cuerpo ataca y destruye las células beta del páncreas, responsables de producir insulina. Como consecuencia, el organismo pierde por completo o casi por completo su capacidad de regular los niveles de glucosa en la sangre.


A diferencia de la diabetes tipo 2, que suele estar asociada a resistencia a la insulina y factores como la obesidad o el estilo de vida, la diabetes tipo 1 no es prevenible y suele diagnosticarse en la infancia, adolescencia o adultez temprana. Desde el momento del diagnóstico, los pacientes dependen de la administración externa de insulina para sobrevivir.


La insulina es una hormona esencial que permite que la glucosa entre en las células y sea utilizada como fuente de energía. Sin ella, la glucosa se acumula en la sangre, lo que puede provocar complicaciones graves como:


  • Problemas de visión y ceguera (retinopatía)

  • Enfermedades cardiovasculares

  • Daño renal (nefropatía diabética)

  • Daño neurológico

  • Episodios de hipoglucemia o hiperglucemia potencialmente mortales



Por esta razón, las personas con diabetes tipo 1 deben inyectarse insulina varias veces al día, medir su glucosa de forma constante y ajustar dosis en función de la alimentación, la actividad física y otros factores.


Limitaciones de los tratamientos actuales.
Limitaciones de los tratamientos actuales.

En las últimas décadas, el tratamiento de la diabetes tipo 1 ha avanzado con la introducción de bombas de insulina, sensores de monitoreo continuo y sistemas híbridos conocidos como “páncreas artificiales” digitales. Sin embargo, estas tecnologías siguen presentando importantes limitaciones.


La mayoría depende de dispositivos externos, requiere calibraciones frecuentes y demanda una atención constante por parte del paciente. Además, los errores humanos, las fallas técnicas o una mala estimación de la dosis pueden provocar descompensaciones peligrosas.


El implante desarrollado por el Technion busca superar estas barreras mediante un enfoque completamente distinto: reemplazar la función perdida del páncreas con un sistema vivo implantado dentro del cuerpo, capaz de responder de manera natural a los cambios metabólicos.


¿Cómo funciona el páncreas artificial con células vivas?.
¿Cómo funciona el páncreas artificial con células vivas?.

El sistema se basa en células vivas modificadas genéticamente, encapsuladas dentro de un implante biocompatible que se coloca en el cuerpo del paciente. Estas células están diseñadas para detectar los niveles de glucosa en la sangre y responder de forma inmediata.


El proceso ocurre de la siguiente manera:


  •  Las células monitorean de manera continua la concentración de glucosa.

  •  Al detectar un aumento, producen insulina de forma automática.

  •  La insulina se libera en la cantidad exacta que el organismo necesita.

  • Cuando los niveles de glucosa se normalizan, la producción se reduce.



Todo este mecanismo funciona sin intervención del paciente, sin sensores visibles ni bombas externas. Los investigadores describen este sistema como una “farmacia integrada”, ya que produce y administra el medicamento desde el interior del cuerpo, de forma precisa y constante.



Uno de los mayores desafíos en este tipo de terapias ha sido el rechazo del sistema inmunológico, especialmente relevante en la diabetes tipo 1, una enfermedad de origen autoinmune.


Para evitar que el cuerpo ataque el implante, los investigadores desarrollaron un “escudo cristalino”, una estructura protectora que encapsula las células vivas. Este escudo permite el paso de glucosa, oxígeno, nutrientes e insulina, pero bloquea el acceso de las células inmunológicas que podrían destruir el implante.


Gracias a esta innovación, el sistema logró funcionar durante largos periodos sin provocar una respuesta inmune, un avance clave para pensar en terapias duraderas.


Resultados en animales y pasos hacia los ensayos humanos.
Resultados en animales y pasos hacia los ensayos humanos.

Las pruebas preclínicas arrojaron resultados prometedores. En ratones, el implante mantuvo niveles estables de glucosa durante largos periodos. Posteriormente, los investigadores probaron el sistema en primates no humanos, donde también se observó estabilidad, eficacia y ausencia de rechazo.


Estos resultados representan un paso fundamental antes de iniciar ensayos clínicos en seres humanos, que deberán evaluar la seguridad, eficacia y durabilidad del implante a largo plazo.


Aunque la diabetes tipo 1 es el principal objetivo del proyecto, los científicos señalaron que esta tecnología podría adaptarse para tratar otras enfermedades crónicas.


Al modificar las células implantadas, el sistema podría producir diferentes proteínas de manera continua, lo que permitiría su aplicación en enfermedades como:


• Hemofilia


• Trastornos genéticos raros


• Enfermedades metabólicas que requieren medicación constante


Este enfoque plantea una nueva visión de la medicina: tratamientos vivos que se autorregulan dentro del cuerpo, reduciendo la dependencia de medicamentos externos.


Un cambio profundo en la calidad de vida.
Un cambio profundo en la calidad de vida.

Si los ensayos en humanos confirman los resultados observados en animales, el impacto para las personas con diabetes tipo 1 sería enorme. Más allá del control metabólico, el implante podría reducir la carga física y emocional de vivir con una enfermedad crónica, disminuir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad de vida.


Por ahora, el páncreas artificial con células vivas representa una promesa científica respaldada por evidencia sólida. Su éxito en humanos podría marcar un cambio de paradigma en la medicina moderna, al transformar la forma en que se tratan enfermedades que hoy requieren atención constante de por vida.


Para millones de personas con diabetes tipo 1, la enfermedad no da tregua: no descansa, no se apaga, no se olvida. Por eso, la posibilidad de un implante que trabaje en silencio, día y noche, regulando la glucosa sin pedir nada a cambio, representa algo profundamente humano: la esperanza de vivir sin estar siempre en alerta. Aún no es una realidad clínica, pero la ciencia ya encendió una luz donde antes solo había rutina y cansancio



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